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Un poco de Historia
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Asturias Hoy
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En los últimos años, Asturias ha ido recuperando, poco a poco, sus señas de identidad, tanto tiempo reprimido, sintiendo el pulso de la libertad, que permite a los pueblos mantener su personalidad y ofrecer a los forasteros lo mejor de sí mismos. Aún en muchos rincones de Asturias quedan reductos en los que los viejos modos de vida se hacen contemporáneos. Los chigres, las boleras, las romerías conservan y renuevan la raíz, con el interés de las nuevas generaciones. El asturiano se ha visto azotado por multitud de acontecimientos desgarradores: invasiones, revoluciones, represión política, una guerra civil, una dictadura y una transición democrática. Explicarnos el carácter asturiano y los sucesivos cambios en sus costumbres y aspiraciones sin tratar, aunque sea superficialmente, los tumultuosos acontecimientos de los dos últimos siglos, sería imposible. La transición democrática encontró en Asturias a algunos de sus más firmes artífices, tanto en la primera línea de la vida pública, como en la anónima movilización ciudadana. Con la libertad llegaría también un declive industrial coincidente con la integración de nuestro país en el concierto de las economías libres. Las minas, las pequeñas explotaciones agrícolas, las industrias metalúrgicas y de construcción naval se han tenido que adaptar, a veces traumáticamente, a los nuevos vientos liberalizadores. Gracias a esa misma libertad se han retomado algunas fiestas tradicionales, antes proscritas: el "Antroxu" es el carnaval popular de Asturias, la "Boda Vaqueira" que reconstruye cada verano, en la Braña de Aristébano, los usos sociales de una Asturias casi perdida, la fiesta del "Descenso del Sella", una auténtica explosión que funde lo lúdico y lo deportivo dentro de un ambiente de sana asturianía. Los deportes autóctonos también han experimentado una gran revitalización como muestra de nuestra propia identidad. Dentro de los procesos de recuperación cultural destaca la puesta en valor de la lengua asturiana a través un proceso de normalización lingüística que unifica, con unas reglas comunes, las hablas de las principales áreas en las que se ha conservado el asturiano. Pero no sólo se nutre la identidad con la recuperación de todo aquello que hemos sido en el pasado, Asturias también mira al resto del mundo y esta mirada universalista se encarna en lo premios "Príncipe de Asturias" que, desde 1981, otorga la fundación del mismo nombre. Con el paso de los años han ido ganando prestigio hasta convertirse en referencia obligada para los medios de comunicación internacionales, uniendo el nombre de Asturias con el de los más grandes escritores, científicos, deportistas, humanistas y defensores de la concordia entre los pueblos.
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La Asturias Contemporánea
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El papel de Asturias a favor de la libertad, y su lucha contra la opresión, han sido unas constantes a lo largo de la Edad Contemporánea. La irrupción de las tropas francesas de Napoleón no hizo otra cosa que acelerar los acontecimientos. Las fuerzas que lucharían contra el absolutismo borbónico estaban ya en movimiento. Los nombres de asturianos en esta lucha son muchos: El militar gijonés Evaristo San Miguel, creador por cierto de la letra del "Himno de Riego", el ilustrado Alvaro Flórez Estrada, agudo oponente de Fernando VII, José Canga Argüelles, ministro de hacienda en el gobierno del trienio liberal, José María Queipo de Llano, Conde de Toreno, uno de los representantes del liberalismo asturiano en las Cortes de Cádiz, Juan Díaz Porlier, activo guerrillero durante la Guerra de la Independencia y que sería ejecutado en 1815 en La Coruña tras pronunciarse a favor de la Constitución de Cádiz, y por último una de las figuras más señeras y ejemplares de la historia de Asturias y de España: Rafael del Riego. Este militar, natural de Tuña en el concejo de Tineo, con su pronunciamiento de Cabezas de San Juan del 1 de enero de 1820, traería a España durante los tres años que duraría el trienio liberal, un retorno a la legalidad. El sueño liberal se cerraría con una ejecución sumaria en la madrileña Plaza de la Cebada, una fría mañana del mes de noviembre de 1823. El sistema de clientelismo político, propio de la restauración alfonsina, y los sucesivos gobiernos no acertarían a resolver una situación de injusticia que mantendría sojuzgadas a amplias capas de la sociedad asturiana. El descontento fraguaría la revolución de 1934, en la que Asturias se quedaría sola, a pesar de que se trataba de una acción que pretendía sincronizarse con otras similares en Cataluña o el País Vasco. La revolución, clara antesala de la cercana Guerra Civil, pretendía acabar con una situación insostenible y tuvo como consecuencia terribles represalias. Después, la guerra, la derrota de los leales republicanos y, como secuela, el exilio de muchos, la resistencia montaraz de algunos, y el silencio y la represión de la mayoría. Durante la dictadura, Asturias sería uno de los motores de España. En la época de la autarquía aportaría su producción agrícola, que mitigaría en parte el hambre de la posguerra. En los años del desarrollismo la empresa pública atraería a multitud de emigrantes de otros lugares que colaborarían a un cierto despegue económico con su trabajo, aunque también contribuirían a diluir algunos rasgos de la idiosincrasia asturiana. Este carácter, abierto e integrador se ha volcado con la llegada de la democracia en la recuperación de unas raíces demasiadas veces olvidadas. El asturiano suele apreciar más lo de fuera que lo que tiene en casa, tal vez como un resto atávico propio de un pueblo aislado, ávido de las novedades que llegaban atravesando sus montañas o arribando a sus puertos.
Organización social
La organización social en la Asturias decimonónica estaba dividida en varios estamentos: La vieja aristocracia terrateniente, poseedora de la mayor parte de las tierras, una nueva aristocracia burguesa, clase emergente que se ocupaba del comercio, la banca y la germinal industria. También aparecieron en aquella época los indianos retornados, que trajeron consigo capitales, empeñados en muchos casos en el establecimiento de negocios, o simplemente lucir un esplendor de nuevos ricos en sus ostentosas residencias. De estos potentados, quizás el más representativo era Iñigo Noriega, natural del pueblo de Colombres en el concejo de Ribadedeva. Fue un gran latifundista en Méjico antes de arruinarse tras la revolución de Pancho Villa. Su fastuosa mansión, Villa Guadalupe, es actualmente el Archivo de Indianos. La emigración hacia América fue el factor determinante para la escalada social, aunque carecemos de datos sobre el porcentaje de indianos que fracasaron e su intento de enriquecerse. La riqueza carbonífera de la región, y sus posibilidades industriales atrajeron a los capitales extranjeros personificados en nombres como Numa Guilhou o Carlos Tartiere. La explotación del tráfico marítimo fue otra de las actividades que formó a una cierta burguesía empresarial, de la que Asturias nunca ha estado muy sobrada, con nombres como los Selgas, Alesón Trelles, etc. Como documento del modo de vida de estas clases acomodadas nos quedan las descripciones literarias esbozadas por Leopoldo Alas Clarín en "La Regenta", o el lavianés Armando Palacio Valdés en su novela "El Maestrante". La clase media estaba formada por los labradores ricos, los profesionales liberales, los comerciantes, funcionarios y, en general, todo aquel que hubiera obtenido un título universitario. Se mezclaban con las clases altas en las tertulias y partidas del casino, el teatro y otros acontecimientos sociales. A éstos, les seguían en la pirámide social los artesanos, entendidos como tales todos aquellos que desempeñasen un trabajo manual de forma independiente: carpinteros, panaderos, albañiles, pintores, hojalateros, sastres, chigreros, etc. Las relaciones entre este estamento y los superiores se limitaban a lo puramente comercial. En el escalón social inferior estaban los obreros industriales, principalmente mineros y metalúrgicos, y los labradores pobres. Estos últimos eran los más desfavorecidos en la Asturias de siglo XIX. La Sociedad Económica de Amigos del País, importante sociedad filantrópica de la época, estableció unas "sopas económicas", para aliviar la necesidad de los parias urbanos. El conocido como "Manifiesto del Hambre", firmado por el marqués de Camposagrado, nos dibuja una situación desesperada, que padecían a mediados de siglo grandes masas campesinas cuando las cosechas no eran buenas.
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La Asturias Medieval
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La descomposición del Imperio Romano favoreció que Asturias gozase de una cierta autonomía que se mantuvo durante el reino visigodo. La sociedad vivía en un cierto arcaísmo, favorecida por su aislamiento geográfico. Era un territorio de hombres libres, en el que aún perduraban muchos usos anteriores a la romanización, que se recuperaron tras la ruptura del sistema administrativo tardorromano. En estas circunstancias, los asturianos parecían poco dispuestos a plegarse ante un poder extraño, como el representado por los musulmanes, que se encontraron con un obstáculo imprevisto en su vertiginosa carrera hacia el norte. La monarquía asturiana, como todas las que en el mundo han sido, se baso en un revivalismo forzado. La derrotada dinastía goda buscaba reencarnarse en este país de montañas que eran diosas. Tal vez por eso las reliquias de Toledo, que según la leyenda fueron trasladadas a Asturias bajo mil peligros, fueron escondidas en el Monsacro, alimentándose así del culto céltico a las cumbres que tenía por sagrado este monte. Lo mismo pasa en el caso de Peña Santa o de los dioses Naranco o Aramo. El poder cuando se asienta procura aprovechar el solar anterior para engrandecerse. Nada tenían de patriotas esos contumaces montañeses, cristianos a medias, que solo pretendían defender lo suyo de los invasores musulmanes. La prolongación del reino hacia el sur no fue más que ocupar las posiciones que los moros habían abandonado, en un repliegue estratégico. La expansión no tuvo otra consecuencia que el perjudicial cambio de capitalidad a favor de León en el año 914, dejando Oviedo desplazado del eje gravitatorio de la monarquía.
Costumbres y usos
Una de las instituciones familiares más características de Asturias es el mayorazgo, figura análoga al hereu catalán. El mayorazgo era el primogénito de la familia y a él le correspondían la mayoría de las posesiones familiares. De esta manera se intentaba que el patrimonio familiar no se desgajase con los sucesivos matrimonios. Este privilegio conllevaba muchas veces el sacrificio de casarse según la conveniencia de la casa. El matrimonio no es en Asturias el ejercicio voluntario de dos personas hasta tiempos relativamente recientes. Las mujeres tuvieron que pelear por su derecho a elegir pareja ya que a pesar de que ya en el siglo XI el derecho canónico reclamaba el asentimiento de los interesados para celebrar un matrimonio, en la práctica los auténticos protagonistas eran los padres de los contrayentes que solían anteponer su ambición e intereses al amor de sus hijos. Los acuerdos prematrimoniales entre los padres de los cónyuges reciben en Asturias el nombre de trataos o compostorios. Estos acuerdos tienen su origen en el derecho visigodo que reconoce a la mujer su derecho a dote que es garantizada con los bienes del marido. Los padres de la pareja se reunían a negociar mientras los futuros esposos, que a menudo no se conocían, estaban en una habitación aparte sin participar para nada en el cónclave. Las proclamas o amonestaciones también tienen su origen en la Baja Edad Media. Su intención era dar publicidad al futuro matrimonio a fin de que si alguien conocía algún impedimento para su celebración lo hiciera público.
Organización social
Una de las primeras convulsiones sociales que se produjo en Asturias en la época medieval fue la rebelión del Conde Gonzalo Peláez, durante el reinado de Alfonso VII. Este personaje, considerado un héroe por los pequeños grupos soberanistas asturianos, mantuvo en jaque a todos los poderes establecidos. Su pretensión era separar Asturias del tronco común de la España cristiana. A pesar de que alcanzó los mayores honores que la monarquía podía conceder, llegando a ser alférez real, su enemistad con Alfonso VII nunca se atemperó. El rey aragonés llegó a derrotarle hasta tres veces, perdonándole otras tantas. Al cuarto intento fue privado de todos sus bienes y desterrado a Portugal donde llega como un proscrito. Fiel a su carácter indomable el conde convence al rey de Portugal Alonso Enríquez para que le preste tropas con las que enfrentarse por quinta vez con Alfonso VII. Es entonces cuando muere repentinamente. Otro de los hitos sociales más reseñables es el levantamiento que tuvo lugar en el concejo de Llanera en 1408. Los rebeldes, conocidos desde entonces como los perxuraos de Llanera, estaban cansados de los abusos del encargado de las posesiones eclesiásticas en el concejo, ocupado en toda clase de abusos y que tenía a la población sojuzgada. La gota que colmó el vaso fue la sustracción de un buey por uno de los comenderos. Todo el pueblo se puso en pie de guerra, no reconociendo la autoridad de la diócesis. La respuesta del obispo Guillén fue fulminante dictando la excomunión de todos los habitantes de Llanera. La rigurosa sanción tuvo validez hasta la muerte de Guillén. Su sucesor, Diego Ramírez, estimando el peligro que corrían tantas almas expulsadas de la Iglesia, revocó el castigo.
Hábitat
En el proceso repoblador de Asturias durante la baja Edad Media fue determinante la colaboración de la Corona y el estamento eclesiástico para la fundación de los nuevos enclaves urbanos, las polas. La concesión de las cartas pueblas pretendía concentrar los núcleos dispersos en los nuevos centros recién creados puesto que en el siglo XIII solo Oviedo y Avilés tenían categoría de urbe. Las nuevas pueblas respondían más a un intento de reorganización administrativa y desarrollo económico que a resolver un problema demográfico. La zona litoral tenía una población muy escasa por culpa de las incursiones depredadoras de los normandos primero y de los piratas musulmanes después y solo en el siglo XIV se incorpora la costa a este movimiento repoblador. La intención era crear un poder concejil que se opusiera al estamento nobiliario y que sirviera de apoyo a la corona. Las veintisiete pueblas serían el germen de las villas asturianas. Es muy importante la concesión del mercado, instrumento principal para el desarrollo comercial y económico de los nuevos asentamientos. Estos mercados, que escapaban al control señorial, daban a las polas la auténtica cabecera de la comarca. El mercado semanal reunía a los habitantes de la puebla y de los alrededores. Allí campesinos y pescadores vendían sus excedentes y compraban bienes de producción y consumo. El espacio del mercado servía también para la administración de justicia y se aprovechaba la concurrencia de vecinos para dar publicidad a las disposiciones de la autoridad superior y para reunir al concejo. Creencias y religiones Una de las fuentes más fiables para conocer las creencias de los asturianos durante el medioevo es el tratado de San Martín Dumiense, titulado De correctione rusticorum. El santo dedicó su vida a predicar contra los últimos rescoldos del arrianismo y a luchar contra las creencias paganas que pervivían en el noroeste peninsular. En su texto describen algunas de estas creencias, cita implícitamente todos los personajes de la mitología asturiana. También se refiere al culto animista céltico, que venera a ciertas montañas, corrientes de agua y determinados árboles, así como los rituales de fuego del que la noche de San Juan es el más característico.
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La Asturias Moderna
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La Asturias de la época moderna está dividida entre una mayoría de campesinos atrasados, sometidos a la tiranía nobiliaria y eclesiástica, y una minoría ilustrada que intenta una cierta modernización de las estructuras sociales y económicas. La insuficiencia de las comunicaciones convertiría Asturias en un territorio aislado y periférico, ajeno a los principales avatares políticos que sólo progresará gracias a individuos como Jovellanos, que diagnosticará los males de su tierra y propondrá soluciones que la saquen de su letargo. Durante los siglos XVI y XVII se acentúa el aislamiento secular de Asturias motivado por su alejamiento de la corte imperial. Como la región carecía de personajes de influencia, su retraso se enquisto ante la indiferencia de los poderes establecidos. La tierra estaba en manos de la nobleza y las órdenes religiosas que no estaban interesados en modernizar el campo asturiano que se vio azotado en repetidas ocasiones por hambrunas, pestes y plagas. La Asturias de este momento estaba considerada un territorio salvaje que había que colonizar donde pervivían los usos paganos. Pronto las órdenes religiosas comenzarían una labor de evangelización que había quedado pendiente. Valdés Salas fundaría en 1574 la Universidad Literaria de Oviedo, institución que favorecería, mediante la formación de las elites, la aparición del pensamiento ilustrado en Asturias. Gracias a los intercambios marítimos llegaron a Asturias las obras de Rousseau y Voltaire que influirían decisivamente en el florecimiento que vive la región durante el siglo XVIII. La gran figura de esta generación ilustrada sería Jovellanos, que trazaría el futuro económico de Asturias basándose en la extracción de carbón y la metalurgia. A mediados del siglo XVIII el Marqués de la Ensenada censó en su catastro 1157 artesanos dedicados a la industria del hierro. Las industrias locales servían para el consumo de las pequeñas comunidades y para procurar algún ingreso extra a las familias, que vendían estas mercancías en los mercados comarcales.
Costumbres y usos
La inserción del asturiano dentro del entramado social empieza con su nacimiento y bautizo. El dicho de que cada niño viene con un pan bajo el brazo era una auténtica realidad en Asturias. Cuando llegaba un nuevo miembro a la comunidad, toda la aldea se volcaba, regalando a su familia los alimentos propios de la tierra y la estación: huevos, requesón, manteca, vino etc. En el bautizo los padrinos regalaban al niño el bollu o la pegarata, costumbre que aun practican muchas personas. Este pastel se continuara regalando a los ahijados todos los domingos de ramos a cambio de la palma bendecida. Este regalo se interrumpe cuando el ahijado o ahijada se casa. En muchas zonas de Asturias cuando se acercaba un casorio la novia acudía a visitar a parientes y amigos para recoger los dones, es decir, los regalos en especie que ayudaban al sostenimiento de la pareja durante las primeras semanas de convivencia. Existía un gran número de supersticiones referidas al matrimonio entre ellas considerar como presagio la intensidad de luz de los cirios del altar, si el del lado del marido alumbraba menos, su mujer sería la primera en quedarse viuda en caso contrario sería la mujer la que moriría antes.
Organización social
En el siglo XVIII aún subsistían en Asturias un gran número de cotos y señoríos dependientes en su mayoría de nobles y eclesiásticos. Los vecinos de estos cotos estaban obligados a pagar derechos señoriales y estaban obligados a desarrollar una serie de trabajos para su señor. Hubo que esperar hasta 1813 para que las Cortes Generales abolieran el vasallaje, al menos nominalmente, aunque la institución dejo una larga secuela de pleitos y disputas vecinales para establecer la auténtica propiedad de las tierras de los cotos y abadengos. Hábitat El agro asturiano tenía una estructura muy compleja, por un lado las pequeñas fincas minifundistas, dedicadas a los cultivos básicos de supervivencia y por otro las erías o sienras dedicadas a la siembra de cereales. Estas fincas, que solían ser las más grandes, eran propiedad en su mayoría de la Iglesia y los Mayorazgos. El núcleo de habitación era la quintana. Alrededor de la vivienda familiar se disponían otras dependencias auxiliares como el horreo, la cuadra y el pajar o tenada. Al lado de estas estaban el huerto y la antojana o antoxana, un prado destinado a multitud de labores agrarias como el curado de la hierba que se amontonaba en facinas o balagares. Muy cerca de la casa se solía reservar una finca, la llosa, como pomarada o plantación de manzanos y otros árboles frutales. La agrupación de varias quintanas formaba la aldea o llugar, ocupando el caserío las tierras menos productivas. En las erías cerealísticas se cultivaba el trigo y la escanda. A partir del siglo XVI comenzará a imponerse el maíz. Los montes eran esenciales para la ganadería y la obtención de leña. Había una parte comunal llamada mortera que podía ser roturada y sembrada, generalmente con centeno o escanda. La dieta campesina era muy limitada, fundamentalmente vegetal. Se consumía pan de trigo y con harina de maíz, fabes y berzas, productos de la matanza del cerdo y castañas. El queso se solía llevar al mercado y la leche se destinaba a los niños y ancianos. Las manzanas eran utilizadas para la obtención de sidra.
Creencias y religiones
Con relación al nacimiento existían algunas creencias, como la que afirmaba que los nacidos en martes no serían muy afortunados, a diferencia de los alumbrados en lunes o viernes. En Asturias existía un tabú por el cual ni las mujeres embarazadas ni las parejas de novios servían como padrinos. En muchas aldeas asturianas el día de San Silvestre, último del año, se celebraba las estrechas, un festejo en el que se sorteaban los novios. Se metía en una bolsa los nombres de los solteros y en la otra los de las solteras, sin discriminación de edad. Una moza extraía los nombres de los hombres y un mozo el de las féminas celebrándose con gran jolgorio los emparejamientos de viejos y jóvenes cerrándose la broma con un animado baile. En Asturias operaban diferentes tipos de curanderos tradicionales: Los saludadores aparecen ya descritos en la época medieval como individuos que tenían la potestad de curar todas las enfermedades con el soplo o con su saliva. También tenían fama de resistir el contacto del fuego sin resultar heridos. Solían probar sus poderes caminando sobre brasas o bebiendo aceite hirviendo. Estos poderes sobrenaturales se los atribuían a la mediación de Santa Catalina, patrona de los alquimistas, astrólogos y adivinadores. Otro tipo de curanderos era el ensalmador, su característica principal es que cura por medio de la palabra, sería a la luz de las últimas concepciones médicas el sanador más moderno. Además de los conjuros también aplicaba sus manos sobre el enfermo y le administraba algunos bebedizos y pomadas de su invención. A veces el ensalmador era un clérigo, que atraían sobre sí la acción represora de la inquisición. Había otros tipos asimilados a los sanadores: los charlatanes que viajaban de feria en feria con sus brebajes milagrosos. El curiosu o arreglador, con gran importancia en las comunidades aisladas, especialmente por sus prácticas veterinarias y las funciones de comadrona o partera en el caso de las mujeres. El intruso realizaba tratamientos médicos sin titulación siendo denunciado en muchos casos por los auténticos doctores.
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